Hay realidades crónicas que salen a la luz cuando algo grave ha sucedido o se han producido muertes. Se produce una reacción, por lo general, verbal, y se anuncian posibles acciones para evitar la repetición de los hechos; luego sobreviene el silencio. Las picadas, tanto de automovilistas como de motociclistas, son propias no sólo de la capital, sino también de ciudades de interior.
En nuestra edición del domingo, publicamos un informe de lo que sucede en Concepción y sus alrededores. En las últimas semanas cuatro motociclistas de entre 15 a 25 años perdieron la vida en "picadas" que protagonizaban en distintas rutas del sur. Hace menos de diez días, un joven de 21 años falleció en Arcadia. Según contó un testigo, unos siete u ocho muchachos estuvieron bebiendo cerveza. Habrían acordado una apuesta; salieron en sus motos hacia la ruta 38 haciendo un ruido espantoso. A los pocos minutos se escuchó una especie de reventón y todo quedó en silencio. Uno de los chicos se había estrellado contra una rastra cañera. Uno de ellos regresó y siguió tomando como si nada hubiera pasado.
Según los testigos, los muchachos compiten por un "porrón" -vale $7- y el que gana se lo tiene que tomar y después seguir corriendo. Cuanto más gana, más toma, hasta que evidentemente no puede seguir conduciendo, o cuando circula en el vehículo cae ante cualquier maniobra.
Un comisario de la Unidad Regional Sur (URS) aseveró que estos menores y jóvenes tienen un comportamiento suicida por que no les importan su propia vida ni la de los otros. La cantidad de escenarios y horario distintos en que se desarrollan las carreras dificultan el control que puede efectuar la Policía. La avenida de acceso a la nueva ruta 38, en Concepción es una de las pistas preferidas por los corredores. Entre las que ya son tradicionales, según la propia policía, son la ruta nacional 65 que conduce a Alpachiri, las rutas provinciales 328 (Arcadia-Ischilón), 324 (Interpueblos) y la nacional 38 a la altura de Arcadia y de Aguilares, dos kilómetros antes del puente sobre el río Medinas. De acuerdo con el jefe de la URS, los jóvenes enfrentan la muerte con las picadas y con lo que ellos denominan "ruleta rusa". "Se trata de pasar un semáforo rojo durante la noche a alta velocidad y sin luces. Lo hacen, naturalmente, sabiendo que pueden estrellarse con cualquier otro rodado y morir. En la intersección de la ruta 38 y la calle Joaquín V. González varios practicaban ese juego macabro hasta que una denuncia de vecinos nos obligó a instalar ahí un control", dijo.
Esta modalidad, al parecer, también es practicada en San Miguel de Tucumán. Un lector nos envió un video donde se observa a dos motociclistas corriendo una picada a contramano, que esquivan un taxi que viene de frente en la calle Alberdi, entre el 1.300 y el 1.400, en Villa Alem.
En la madrugada del sábado, personal de la Unidad Regional Este en la avenida Monseñor Díaz entre el 100 y el 800 y en la ruta 306, del kilómetro 1 al 8, secuestró nueve vehículos. Cerca de allí, en Alderetes, alrededor de las 4, un joven de 20 años murió como consecuencia de un choque frontal de dos motos.
Son muchos los aspectos que habría que tenerse en cuenta a la hora de buscar una solución. La educación vial es el punto de partida, y a ello deben sumarse cursos exigentes para obtener la licencia de conducir, diseñar una política de prevención de accidentes, realizar controles constantes, debatir si un menor posee el suficiente equilibrio mental para conducir un vehículo e involucrar a los padres porque tienen una gran responsabilidad en la conducta de sus hijos. La pasión por la velocidad, el consumo de alcohol, la inconsciencia y el desprecio por la vida son pasaportes a la muerte.